Los días pasaban monótonos mientras él se esforzaba en cavar un túnel rumbo a otro lugar. Trabajaba muy duro, y se enfrentaba a sus dolores. En el descanso siempre se asomaba por la ventana, meditando; y sus compañeros empezaron a crear que estaba algo loco.
El dolor nació del espíritu; la esperanza dentro de él, que los esfuerzos serían suficientes. Su espíritu ya estaba manchado, y no se sentía digno de limpiar esa mancha más que con esfuerzo y vehemencia.
El dolor se fue recorriendo. Se trato de lavar con llanto, saliendo por sus ojos. Se fue acumulando en el omoplato izquierdo, severo, paralizante. Llego y paralizo su cuello, y finalmente llego al cerebro.
El zorro se durmió en Diciembre del 2008. Fue de visita al averno; ahí donde no sentiría más, donde no pensaría más, donde finalmente se puede encontrar la nada. La personalidad se destruye. Los músculos se traban y desgarran. La locura funde todo pensamiento que fue y que es.
El zorro collage recogió todos sus pedazos de esta química retorcida. El lienzo no acepto modificaciones hasta Noviembre del 2009. No sabe exactamente que paso, ni tiene todas las respuestas, pero finalmente sintió ganas de volver a trabajar.
El plomo, el gas, la locura. El dolor, la esperanza. El sobreesfuerzo, el desgarrarse y romperse; caminar hecho hilos.
Aires altos y frescos que corren todo el día, en un lugar alto. La esperanza. El oasis en el que me percibo y me encuentro. El deseo de trabajar. Es tiempo de sonreír de corazón, no solo sonreír invocando y deseando la sonrisa. (La gente que oculta su dolor con una sonrisa ya es comprendida; no es hipocresía, sino es el valor de invocar la esperanza, de curarse a cualquier costo, un placebo del alma, el placebo funcional de la fe y de invocar algo mejor)